EL HERMANAMIENTO ENTRE LORCA Y JEREZ

Lorca y Jerez son dos ciudades bendecidas por la divina Providencia, leaderes de la Hospitalidad, el amor al campo y a los caballos, a compartir fraternidad con los amigos, con los venidos de suelos lejanos, y que consagran la amistad como bien supremo.

Lorca y Jerez no solo comparten las mayores dimensiones geográficas como municipio, también se cruzaron con el Destino cuando un acontecimiento trascendental y heroico que fue crucial en la definitiva Reconquista de España, sucedido en el año 1340 en los meandros del Rio Salado (Tarifa), inscribiendo sus nombres en los libros de la Historia con LETRAS DE ORO.

Lamentablemente, el tiempo, la desidia ,el fermento dañino de los nacionalismos y la intensiva dedicación de los alcaldes en democracia al desarrollo de su localidad, han ido archivando en el desván de los recuerdos esa antigua hermandad.

El Centro Cultural de Amigos de Lorca con su Presidenta Concepción y su vicepresidente Urbano Rodriguez, y la participación de la gran figura de la comunicación lorquina Luis Terry, que tiene su corazón aparcelado a mitades, por un lado en bancales de huerta y de otro en cepas feraces de racimos, que le aportan elocuencia, ingenio y la seducción del buen vino, juntos con un servidor, tratamos de nuevo hollar el camino del esa hermandad olvidada. Como recordatorio para los lectores, trascribo el relato de la Batalla del Salado que fue la génesis de esta épica gesta:Lorquina/Jerezana.

“ Finalizaba el siglo XIII y gracias a los monarcas Alfonso X el Sabio y Alfonso XI la Reconquista de los reinos moriscos era un hecho consumado, con la disolución de los reinos de Taifas y sus leaderes diezmados por los escasos reductos que aún permanecían en la Peninsula, en poder de los moros: Los bastiones de Granada, Almería y el Peñon de Gibraltar “

En los comienzos del siglo XIV se fraguó la alianza entre la debilitada dinastía almohade con Banun Marín (Benimerines) situados en el Norte de Africa, a los que se unieron las huestes granadinas del Rey Yusuf Primero de Granada; con el propósito de adueñarse del todo el Sur español y la zona oriental y levantina.

En 1329, éste grupo musulmán derrotaron a las tropas castellanas de Alfonso XI y a las de Aragón comandadas por Gilabert, causando enormes estragos en nuestra armada naval y apoderándose de la importante plaza de Algeciras, mientras que las cinco naves supervivientes se refugiaron en Cartagena.

Se dibujaba un horizonte sombrío para España con la amenaza de nuevas invasiones norteafricanas y la implantación de una nueva hegemonía de las etnias musulmanas, una vez superados los fallidos reinos de Taifas. Ante estos lóbregos presagios, Alfonso XI reunió con URGENCIA a su Corte y al resto de coronas como la de Aragón y tercios levantinos y murcianos e incluso a su suegro Alfonso IV de Portugal, con quien mantenía desavenencias familiares por el repudio de su hija María de Portugal y sus relaciones adúlteras con Leonor de Guzmán, planteándoles el dilema de buscar una tregua con los potentes grupos árabes proponiéndoles una paralización de sus ambiciones bélicas con la concesión de algunas ciudades del Sur, o aventurarse a una lucha desesperada confiando en el apoyo divino con el beneplácito y la bendición del Pontífice.

Este fue el texto condensado del discurso de Alfonso XI en la reunión:
“¿Por ventura será bien hacer la paz con los Moros?
Pero no hay que confiar en gentes sin fe y sin religión.

Amigos, nobles y parientes, vosotros a solas podréis consultar con vuestras conciencias, y conforme a vuestra prudencia y sabiduría, veréis que debemos hacer.

Solo os advierto que vuestra resolución no contraiga algún grave peligro a esta Corona Real, ni a esta espada deshonra ni afrenta alguna, y que finalmente la fama y la gloria del reino español, no se mengüe ni oscurezca.”

La respuesta fue unánime, luchar contra los moros. La batalla se libró el 30 de Octubre de 1340 en los meandros del río salado del municipio de Tarifa. El equilibrio de fuerzas prolongaba la jornada y la dureza del combate. Hubo un momento de indecisión del bando español al caer herido de muerte el caballo de Alfonso XI, pero el monarca levantando y blandiendo su espada, reanudó con vigor y firmeza la embestida contra el enemigo.

Fueron momentos de lucha encarnizada, y en un instante cumbre, uno de los guerreros de los tercios jerezanos Aparicio Gaytán, conjuntamente con un lorquino de los tercios de Murcia y levante Juan de Guevara arrebataron el PENDÓN principal que significó la VICTORIA DEFINITIVA.

Esta gran epopeya que cambió el signo de la historia de España, tuvo dos protagonistas: Jerez y Lorca, que fueron premiados por el Rey Alfonso XI con la concesión de los pendones que motivó un sólido hermanamiento entre estas dos ciudades y que han perdurado durante siglos. Por razones varias que no alcanzo a comprender, este hermanamiento se ha ido debilitando, hasta el punto que la generación actual no está informada de la gesta, e incluso los ediles de ambos municipios tienen este MAGNO EPISODIO guardado en el reino de Leteo, El Dios del Olvido.

Como lazo de unión de las dos ciudades, me he permitido escribir un soneto relativo a la gesta.

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