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Los votos de la muerte

La verdad es que la democracia supone admitir los “principios” de la mayoría, pero y ¿si la mayor parte no tiene principios?, ¿donde se ponen las reglas del juego?
La mayoría siempre tiene razón, pero no por el hecho de que lo digan todos ha de ser verdad lo que se propone. Ya la historia nos enseña que la democracia también es falible; recordemos la Alemania del 1933, en la que democráticamente se elige al Führer nazista que impuso su moral, arrasando la vida, de los que para él, no eran personas; los judíos. Creo que la democracia debe tener unos principios basados en el respeto a la persona. Es cierto que hay muchas facetas de la sociedad en las que caben posturas consensuadas, respetando todos los puntos de vista. Pero también creo que cuando hablamos de la vida, todos deberíamos de coincidir en que se ha de defender y cuanto mas dependiente mayor aún.

Ahora con la bandera de ayudar a las mujeres, se les facilita todavía mas eliminar la vida que llevan dentro. Recordemos que la biología es objetiva y que no es un apéndice suyo, ni tejido fetal, ni de la propiedad de la madre, ya que tiene una identidad genética distinta a ella y por esto es un ser humano distinto a ella. Eso si, es un ser vivo que se desarrolla dentro de ella (no un tumor) que es altamente dependiente de ella y que requiere de su útero para comer y crecer, como nosotros del aire del entorno. No es cuestión de religión ni de fe. Es una realidad que parece que nos cuesta admitir. El derecho a nacer es un bien intrínseco, individual y para la colectividad. En el primer caso la razón es obvia. El no nacimiento comporta el negar la vida a una persona. Y la vida, no podemos olvidarlo, es un proceso sin saltos que se inicia en la concepción y no termina hasta la muerte.

Esta no es una afirmación de naturaleza moral sino técnica. La unión del óvulo con el espermatozoide genera un nuevo genotipo humano, único. A partir de este momento esta realidad humana se va configurando en un proceso de desarrollo que interactúa continuamente con el medio y determina la otra dimensión característica de todo ser vivo. El genotipo se forma en la concepción y es siempre el mismo y el fenotipo, evoluciona con el paso del tiempo sin romper con su ser original. Esta es la realidad del ser humano, librada a su natural desarrollo. No existen discontinuidades sino un proceso único que solo finaliza con la muerte y comienza nueve meses antes que el nacimiento. Esto no supone que cuando hay un embarazo no deseado se obligue a la madre a hacerse cargo de su hijo, ya que puede darlo en adopción, pero tampoco debería ser licito que condenen a muerte a ese niño que podría ser querido por otras familias, como así lo demuestran las demandas de adopción tanto nacional como internacional.

Pero lo que en ningún caso es admisible, como persigue el gobierno, y como de hecho se viene haciendo en la práctica, es suprimir el derecho a nacer y convertirlo en un acto graciable que depende de la voluntad de otro, de la madre. Es bueno que la madre decida sobre su cuerpo, pero no sobre el cuerpo de otro ser vivo, aunque sea su hijo. Me sorprende como esta clase política utilizan el asunto en términos electorales. Es triste que la vida y la muerte hayan quedado reducidas a un puñado de votos.