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MEDITACIÓN SOBRE LA FELICIDAD IBERICA Y SU ANTÍDOTO LA FILOSOFÍA HELENISTICA

En Tiempos tan convulsos, como los que padecemos, profundamente instalados en una crisis total (económica y de valores morales), con la perspectiva de un horizonte tan sombrío y con unos partidos políticos a la greña, tanto el que ostenta el poder como el que se lo disputa.

Tan seductores y embaucadores en época de elecciones y tan distantes de los ciudadanos, una vez asentados en el trono del poder, y lamentablemente anteponiendo los intereses de sus partidos a los de la sociedad, parece oportuno reflexionar sobre la actitud mental con que encaramos estos tiempos, y de que manera afectan a nuestra forma de vivir y a nuestro espíritu.

En nuestra sociedad de consumo, el marketing y su publicidad perversa, estimula la exploración interior de nuestras satisfacciones, la marca, la promoción del viaje, el nuevo modelo de coche etc. Todo ello no deja el Alma en sosiego y el posible disfrute se cambia por la neurosis, y en definitiva incluso cuando sentimos en vivo y directo algunos episodios felices, lo disfrutamos cuando el relato se instala en EL RECUERDO , incluso las vacaciones que vamos a inaugurar, proporcionan su máxima cota de bienestar, cuando se sueñan o se proyectan.

Pensar mucho en la felicidad, es el modo más eficaz para ahuyentarla, mientras que olvidarse de ella es quizás el cepo, más adecuado para acogerla.

Nos decía el emperador Marco Aurelio que la felicidad es una eterna búsqueda y que la confundimos con esos momentos fugaces que sentimos en una agradable comida, en el deleite de un buen vino, en una charla distendida con un auténtico amigo, o en esos momentos de pasión y ternura con el ser amado. A pesar de esos instantes de excelencia, esa felicidad que nos embarga como fogonazos celestiales, no podemos entronizarla en nuestras vidas como unhallazgo, como una conquista.

Considero de gran relevancia, en estos momentos tan inquietantes y llenos de zozobras, el recurrir a los fundamentos de la filosofía griega, que contemplaba con mayor lucidez y realismo las adversidades y la aceptación del destino con la utilización del vocablo ATARAXIA, que significaba el desapasonamiento de los sentidos, el equilibrio y la paz, por medio del cual llegaban al conocimiento y aceptación de la fatalidad del destino, y lo inútil del esfuerzo humano por modificarlo el curso del mismo.

Según Epicuro la ataraxia le aportaba la tranquilidad espiritual propia del sabio que es capaz de distinguir los deseos naturales de los que no lo son, y aleja de su alma, de aquello que es vano y suntuario y siguiendo la doctrina estoica, adecuar la racionalidad de los actos y embridando los sentimientos hedonistas y las pasiones desbocadas.

Llegamos a la conclusión de que no deberíamos estar obsesionados con la felicidad activa e inmediata, y asumir a través de la solidaridad con el prójimo, con la empatía, o la simple lucidez ; la permanente imperfección del mundo, de esta forma se zanjaría el infausto ejercicio de esa auscultación interior, tratando de verificar, casi sin tregua, si somos más o menos afortunados y respecto a quien o que cosa.

Antonio Agar