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Autoridad moral, no solo burocrática

Ahora que ha empezado el curso escolar vienen “al pelo” las medidas anunciadas por la Comunidad de Madrid en relación a la autoridad burocrática que, aunque siempre han tenidos los profesores, en estas ultimas décadas han ido perdiendo. Tenemos que recordar que autoridad viene de autorización, que en este caso es para educar y la educación requiere premiar lo que se hace bien y denunciar o reprimir lo que se hace mal, con intención o si ella. No se trata de castigar con violencia verbal o física sino con hechos punitivos proporcionados al error. La autoridad no es autoritarismo ya que este, es imponer a la fuerza directrices que solo benefician al que las obliga, mas bien autoridad es ese prestigio que debe tener el profesor, que además de reconocerlo la sociedad ha de conquistarlo él/ella con su trabajo y buen hacer.

Lo mismo sucede con los padres que a veces perdemos la autoridad que por naturaleza tenemos y es, en ocasiones, por nuestra falta de ejemplo, que es la mejor enseñanza. Como todas las normas sociales, ejercer la autoridad tiene expresiones concretas, que pasan por ejemplo por callar cuando el profesor habla, levantarse cuando entra en clase, no usar móviles en horario escolar…. que son al fin y al cabo, detalles de una educación que se ha descuidado. No podemos olvidar que el soporte de esta norma esta ubicado en el apoyo firme de los padres y sin él, es muy difícil que los alumnos la acepten.

Pero la falta de autoridad tiene una raíz que comienza con el empeño en prescindir de alguien que sea juez o guía, que forme nuestra conciencia y que concluye con la prohibición de todas normas. Naturalmente esto se refleja en la escuela de una manera muy acusada porque es uno de los lugares fundamentales, donde nace el proceso de educar, el otro, el más importante, es la familia. Naturalmente, todo esto también tiene un reflejo en la sociedad donde multitud de cosas están reglamentadas. La idea de que vivimos en una sociedad liberal esta equivocada. La nuestra es una democracia burocrática, no liberal.

Recuperar el sentido de la educación significa ante todo ser capaces de transmitir el sentido de la vida, del bien, de la verdad, de la justicia y de la belleza. Recuperar el sentido de la virtud (según Aristóteles), esto es el hábito en actuar bien. Sin estos fundamentos lo único que se conseguirá es la creación de una serie de prohibiciones y restricciones. Tampoco se puede convertir al maestro en una especie policía municipal, al hacerlo autoridad pública. Pero no nos engañemos; con solo la premisa de hacer autoridad al profesor, no se consigue la autoridad que emana de una conciencia moral. Así que si no educamos a nuestros hijos en valores -en virtudes- esto no sirve para nada. Aunque de cualquier manera se ha de reconquistar el sentido perdido y este hecho es un peldaño más que no acerca a él.